Son las dos de la mañana aquí en Tokio. Estoy esperando a que una lavadora que he puesto termine para poder secar la ropa e irme a dormir. La secadora es otra media hora más … por lo que creo que esta noche termino este post.
Mi viaje ha llegado a su recta final. Sólo me queda empaquetar todo, lavar ropa, deshacerme de cosas ahora ya innecesarias, descansar y empezar a echar esto de menos. Mi cuarto ha empezado a sumirse en ese caos que se forma cuando empiezas a mover todo lo que tenías perfectamente colocado para tratar de meterlo en un espacio, que parece tan reducido, llamado maleta. Es increible cómo un mes y medio de tu vida lleno de papeles, recibos de compras, posavasos, pegatinas, mapas de metro, monedas, abanicos de publicidad, un paragüas, revistas inglesas y japonesas (que todavía no entiendo), cajas de zapatos nuevos, comida sin abrir, cargadores de gadgets, ropa limpia y sucia, libros de texto (japonés y CTA), mangas semi-comprensibles (con un diccionario, claro), regalos, encargos, cosas que me traje y que no he usado desde que saqué de la maleta … tienen que comprimirse de tal manera que ocupen un reducido volumen. Claro está que algunas cosas se quedarán atrás y otras entrarán tras complicados cálculos matemáticos y horas de cómputo de mi portátil.
Escrito por alvarogd
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